Desde su
época de estudiante de la Academia “El Alba”, de Holguín, hace más de una
década, Yunier Tamayo Sánchez ha trabajado con sus propias interpretaciones de
los postulados artísticos de la Internacional Situacionista (1957-1972). En un
principio se trataba claramente de una adaptación al contexto “psicogeográfico”
donde él mismo se desenvolvía, que implicaba la utilización del happening
como recurso y mecanismo de la “situación construida”. Respuesta lógica a
problemáticas concretas de su experiencia vital. Sin embargo, el camino de su
crecimiento intelectual implicó una trasformación de perspectiva y, en
consecuencia, un cambio de lenguaje.
Si bien el
propio movimiento renegaba de medios tradicionales como la pintura, Yunier se
aferró precisamente a los pigmentos en lo que sería calificado como un “desvío
de elementos estéticos prefabricados”. Al igual que el dadaísmo y el
surrealismo, los situacionistas perdieron de vista que en su génesis y
conceptos, todos, ellos mismos incluidos, repetían por acumulación
construcciones simbólicas preexistentes con los instrumentos puestos a su
disposición por una sociedad concreta. El quiebre debía llegar porque en arte,
como en los demás aspectos de la vida, lo que hoy es nuevo, mañana deja de serlo
y en ese proceso se crean altares y dogmas, con sus propias “técnicas de
condicionamiento”, predestinados al derrumbe en un ciclo inagotable. Por ello
la pretendida libertad del arte futuro que postulaban era irrealizable o
tendría un carácter efímero al realizarse solo en el momento de la “revolución creativa”,
condicionada por el factor tecnológico y llamada luego a caducar. Pero ello no
significaba que perdieran validez determinadas técnicas y métodos de búsqueda.
Para Yunier, lo más
coherente resultó extrapolarlas al medio pictórico con el objetivo de construir
una situación en la que el público se enfrenta a un sistema codificado de
signos de la vida cotidiana, en simbiosis con diversas armonías cromáticas en
lenguaje abstracto y sus respectivas implicaciones sensoriales y emocionales. Nexos
2.0, además de los inevitables elementos autobiográficos y sociológicos,
alude a un escenario desconocido por Guy Debord: el espacio virtual y la forma
en que la gente interactúa en el mismo. Esta suerte de antología de las etapas
más recientes plantea un juego que comienza al contemplar las piezas y solo
terminará para cada quien cuando culmine su “deriva” particular y el papel de
co-creador de una historia otra, capaz de revivir y mutar siempre que se
vuelvan a observar e interpretar estas obras.
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